30 de mayo de 2007

Aletea


El leeen-

to batir

de sus alas.
.

Sabiduría del Consuelo

Recomiendo dos breves y sabias reflexiones para cuando llegan los momentos menos buenos:

"El dolor viene de serie, pero el sufrimiento es opcional"
(Budda)
"Nunca llovió que no parara"
(Al Covelo)

La segunda la conozco desde hace años, y la primera desde hace horas. Para mí, ambas son antológicas.
No se lo tome a chifla, amable lector.
Como verá, acudo a fuentes reputadas...

28 de mayo de 2007

Donostia Lodazal



No es vocación de este blog comentar la política. Esto quisiera, como dice Andrés, parecerse a la República de las Letras, o a la Anarquía de la Evasión -diría también, y con razón-. Pero tampoco es vocación de este blog se consecuente con ninguna vocación, y hoy hay un tema que me apreta donde no quisiera.

Quiero escribir sobre algo que ví de las municipales en Euskadi.

Sigo creyendo que la Ley de Partidos fue un error monumental, y que ilegalizar a HB (llámese como se llame) fué un acto de miopía. No se confunda nadie: Si a resultas de las pesquisas de Interior se lograba constatar que miembros de una corporación municipal o incluso dirigentes de la estructura interna del partido pertenecian o colaboraban con la acción criminal de ETA, la ley debía cumplirse con plena rotundidad. Incluso si alguna sección de la estructura servía a la financiación terrorista, la medida inmediata debía ser la pronta detención de todo sujeto en alguna medida involucrado, la intervención de los activos (inmobilizados, realizables y disponibles) sujetos a esa estructura, así como su depósito judicial y la suspensión indefinida de toda suerte de subvención o transferencia pública. El objetivo era que, ante la sospecha en algún extremo fundada de que desde la estructura de la organización se estubiera financiando el terrorismo, se cortara esa posibilidad. La razón de la ausencia de condena al terrorismo era espurea. Tengamos presente que el Estado de Derecho no se pronunció sobre la legalidad de HB durante muchos años, y en ese tiempo ETA se cobró la vida de cientos de personas. Los partidos demócratas tenían claro -ante toda esa sangre- que jugar con las pasiones del drama era poco menos que inmoral e imprudente.

En el panorama actual, todo vale. La relación calidad-precio de jugar al golpe de pecho con las víctimas es demasiado atrativa: El rencor no ha desaparecido, y la falta de escrúpulos ya no está tan asociada con el sentido de lo estatalmente negligente. De otro modo, como ahora contamos con que apenas cabe esperar atentados por parte de ETA (salvo la T4 en Barajas), podemos salir a hacer el bravucón. Desde el tendido de sol no silvarán demasiado, e incluso, contamos con el favor de ciertas gradas de la sombra.

Salvo las cuatro casandras de turno, este país se comió con patatitas la ilegalización de una fuerza política que, nos guste o no, representa un importante porcentaje de la población de Euskadi. Se pudo haber optado por medidas igual de efectivas, pero menos irreversibles a efectos pragmáticos, como las antes citadas.

Pero se atacó a la ultima ratio, se prohibió la expresión electoral. No bastó embargar HB, encerrar a la organización financieramente (y penalmente a quienes correspondiera). Sencillamente se optó por la ejecución de un partido político.

¿Se ejecutó? Ya hemos visto que no. Se mata al perro pero no a la rabia, que se encarna en todos los perros que haga falta. Entendámonos: Considero que es injusto respecto a las sanguijuelas compararlas con los dirigentes de HB, ni a las víboras con Otegi. Ni siquiera lo digo juzgando su discurso moral ni su inconsistencia: para despreciarles es suficiente contemplar la nula honradez política demostrada después de tantos esfuerzos y generosidad demostrada por parte de las diversas fuerzas demócratas (sí, en la izquierda, y también en la derecha nacionalista). Ni medio paso hacia el entendimiento, ese es todo el activo político y moral que podemos reconocerles. Y muchos vimos como parte de su base electoral les venían pasando factura desde algun tiempo.

Bien, el caso es que las mayorías parlamentarias decidieron el paso de la Ley de Partidos. Y esa ley nos parecerá lo que sea, pero no olvidemos que las mayorías parlamentarias son lo que son. SON LO QUE SON. Y la democracia es un juego de adultos.

Dura lex, sed lex (dura es la ley, pero es ley). Y mientras no cambiemos la ley, asumamos y defendamos su cumplimiento. Esa defensa no es incoherente con estar haciendo lo procedimentalmente posible por cambiarla. De hecho, considero que es la opción más noble y comprometida. Por que el compromiso real debe suponer costes de coherencia.

Me resitúo con esta reflexión en el momento que vivo. Veo en la tele a Odón Elorza apartar con una mano una pancarta que un energúmeno le acerca a la cara. Con la otra mano sostiene la papeleta, y tiene dificultades para votar. Es 28 de mayo, son las noticias de las 10 de la noche. Estoy cabreado, no quiero que en mi pais pase esto. Elorza se tiene que joder, y mete la papeleta mientras tiene detrás a otros cinco imbéciles incordiándole.

Pero Elorza tiene escoltas, y esta escenita en el colegio electoral se reproduce en TV. ¿Qué pasa con Aitor Sánchez, un tipo cualquiera en cualquier otro colegio de San Sebastián, sin medios de comunicación delante? Si en mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, llego a la urna con una chapa que diga cualquier majadería, alguien vendrá a decirme que salga o me guarde la chapa. Y tendrá razón. ¿Por qué la ley se tiene que joder, y mirar a otra parte mientras cuatro fundamentalistas, pertrechados con la cartelería que les da la gana, vigilan qué papeleta coje Aitor Sánchez?

Dura lex sed lex” debería ser cierto. Pero en Euskadi, a mediados de 2007, sigue siendo más cierto lo de “Inter armas silent leges”.

De aquellos polvos, estos lodos.
¿Se puede con tanto barro?

25 de mayo de 2007

Sobre la enofília (y microcurso de cata en 4 minutos)


Algunos pensamos que Vino se encuentra en algún lugar común entre Libro y Cocina, habituales fuentes del placer y la experiencia. Si no colmuga con esta idea por peregrina y pedante, pues bien por usted también… No se tome en serio este post, pero tampoco se lo tome muy en broma. Placer sí, doctrina no, esa es la única idea digna de retener.

Toda la teoría que en su momento recibió usted para aprender a montar en bicicleta no excede en tiempo a lo que el fumador medio tarda en fumarse un pito. O un purito, si me apura. Pues aún menos tiempo precisa usted para conocer las cuatro cositas que pueden maximizar el goce y la experiencia que se esconden, latentes, en el fondo de una copa de vino.

No se deje engañar. Por mucha pompa que se le ponga, catar vino es más simple que el mecanismo de un botijo.

Volvamos a ese lejano día en que su bici dejó de tener 4 ruedas. Seguramente le dijeron algo como “tú dale fuerte y verás como te aguantas, pero antes mira p’ande te metes”. Y poca cosa más, amén de recomendarle frenar con la rueda de atrás para conservar intacta las piezas de la mandíbula superior al menos hasta la madurez sexual, o reflexiones sobre la probada causalidad entre el uso de la bocina y el estrés ajeno.

El resto, ya se sabe: Usted no hizo nada muy distinto a quién suscribe, que posó su digno lomo y cuartos traseros sobre un prometedor zarzal a razón de frenar con la rueda equivocada; o como el hermanito de quien suscribe, quien involuntariamente introdujo a un campista alemán en el incierto mundo de la planchistería celtíbera (por rayarle todo el lateral del coche con el cuerno derecho de la bici). Si mal no recuerdo, la roulotte se salvó. Eran los tiempos del Naranjito, y las cosas se aprendían a fuerza de hacerlas. Dicho en castizo, “la bici con sangre entra”. Dígame, amable lector: ¿A que ahora usted pedalea de cojones? Convendrá conmigo en que cierta negligencia por parte de nuestros criadores contribuyó a convertirnos en gente de provecho. Es cierto, algún piño quedose por el camino: Pero antes mellado que pelele.

Pues con el vino, tres cuartos de idem. Usted, como persona cabal que és, sin duda sabe distinguir el grano de la paja. Y en verdad basta seguir tres pasitos para comprender un vino. Porque comprender el vino que se está bebiendo no es dar una impecable nota de cata para estar a la última.

Nada de eso: Comprender lo que se bebe solo debería servir, si se disfruta, para entender porqué se disfruta. Dicho de otro modo, qué indicios seguir para encontrar nuevos y mayores placeres. ¿Es usted fanático de la dulce y peluda merlot? ¿Cree que a su lado la cabernet le suele resultar corriente y aburrida? Cuando el sábado por la mañana vaya al colmado a gastarse sus cuatro perras gordas para la pitanza del domingo, ¿qué botella tomará del lineal de la tienda? ¿Dará al Cesar lo que es del Cesar? Yo también pienso así.

Puede también verlo como un juego, como un divertimento. Y bien jugado, verá que solo vale competir contra uno mismo. Con los demás no se compite; se comparte.

Ante el vino, la imbecilidad acostumbra a encarnarse en dos modelos básicos:

A) EL GAÑÁN: Ese tipo que viene y me dice “la birra está más güena, sube poco si la vas meando, y sale más barata”. Pues bien, de las tres afirmaciones del mentecato solo daré por ciertas las dos últimas. Y solo relativamente por ciertas… habrá que ver “qué se bebe” y “cuanto se bebe”. Usted y yo no vamos a debatir sobre la psicoactividad birril, ¿verdad? Y que el vino no está tan güeno, reto a cualquiera imberbe a probar cinco vinos distintos: un amontillado, un tinto atejado, un “ice-wine”, un fragante sauvignon blanc, y un rosado afresado. Y que luego se atreva a decirme que no se ha visto sorprendido por lo mucho que le ha gustado alguno. Cada cual es libre de beber lo que quiera, pero no de mentir. Siempre hay un roto para un descosido, y al menos una de las mil formas de fermentar el mosto de uva puede dar un minuto de placer a cualquier alma sensible. Y todos y todas somos sensibles, no se equivoque.

B) EL ENTERAO REPELENTE: Es aún peor el sabiongo (sabiondo+mongo) que se va al otro extremo y trata de convertir un placer en una religión. Naturalmente aspirará a evangelizarle con su doctrina, la única y verdadera. No dudará en exponerle generosamente las cuatro pamplinas que aprendió de un libro (o peor, de la tradición oral de otro sabiongo) con el deshonesto propósito de iniciarle en una senda en la que usted siempre será su discípulo. Este sabiongo es de sobras peor que el gañán cervecero. Huya de este imbécil: Es tóxico y contagioso. Lo sé por experiencia, porque tengo antecedentes con este delito (por ejemplo, hablando del clarete… La ignorancia es atrevida, y la mía, mucho).

Entremos en harina. Catar un vino es dar alguna respuesta a dos preguntas esenciales:

¿QUÉ PERCIBO? (vista, olfato y gusto)
¿PORQUÉ? (deducir estado y elaboración)

Si quiere jugarlo a conciencia, úse una hoja de cata, se lo aconsejo. Mándeme un email (busque en mi perfil) y le envío un excel con la chusquihoja de cata. Es simple, ramplona y poco original, pero suficiente para pasar con la muchachada momentos de inusitada diversión.


VISTA
¿Qué color?
Los vinos blancos son casi siempre amarillos, pero matices pueden ser pálido, pajizo, verdoso, oro o ámbar (en este último caso, si no es un vino dulce y la cosecha es de hace 2 años, mala señal).
Los rosados pueden ser rosa limpio, anaranjado o ambarino.
Con los tintos es también sencillo: Intente iluminar la copa poniéndola a traslúz (en toda cata, mantel blanco) y valorar si ese rojo es rubí, granate, violeta o un tono teja (este último denota edad).
¿Brillo y aspecto?
Esto es al color como el estucado a la pintura. Le da o le quita gracia al tono, y nos anticipa cosas. Un tinto muy opaco posiblemente sea más aspero en boca, quizás por tener más sustancia sólida. También veremos que se forman “lágrimas” en el interior de la copa por encima del nivel del vino después de mojar esa pared. Eso nos advierte sobre el grado alcohólico que luego comprobaremos en boca.

OLFATO
Sobretodo, ¿a qué huele?
¿A flores (rosa, lavanda) o a fruta (limón, fresa, plátano)?
¿A hierba (tomillo, menta) o a especias (pimienta, trufa)?
¿A algo dulce (vainilla, regaliz) o a tostado (caramelo, café)?
¿Un olor animal (cuero, leche) o amaderado (muebles, barnices)?

Siempre hay algo de todo esto. Es lo que más claramente indicará la variedad de la uva. Oler primero sin agitar, y otra vez tras agitar. Vemos si el vino está cerrado (si no tiene olor) o incluso si después de agitar cambia el olor, que también puede pasar.

GUSTO
¿Es “blandorro”, o por el contrario es muy ácido?
¿Es apenas dulce, o llega a parecer pastoso?
¿Áspero en la lengua?
Una vez tragado, ¿se va enseguida, o llega a durar mucho el gusto? (Persistencia)

Solo contestar 3 o 4 de estas preguntas ya supone una auténtica nota de cata. Comencemos por lo evidente, y sin prisas. Más que el olfato, tenemos bastante atrofiada la memoria olfativa. Podemos buscar algo que leer por ahí para completarlo; Por internet hay recursos mucho más trabajados que este simple resumen. Al pasarlo bien y aficionarnos, enseguida empezamos a relacionar todos estos indicios con variedades, procedencias y elaboraciones. Y a partir de ahí, igual apetece buscar por la línea de lo que nos va gustando, y descubrir de tanto en cuanto algo nuevo. Y quizás sorprendente.

Sin sofistiqueces bobas: Esto es divertido, y con lo que ha leido tiene de sobras para empezar a jugar en casa y divertirse sin complejos (ni pa un lao, ni pal otro).

¡Un brindis por Baco!

Il mio canto libero


El otro día paseaba por Roma, entre dudosas cajas de dudosa procedencia de un simpático mercadillo de la periferia. Sábado al mediodía, y poco podían los toscos toldos de los tenderetes frente a la calígula que el Dios Sol nos procuraba. No sé a usted, pero a mí caminar entre saldos de ropas y complementos me abstrae de la realidad con infalible contundencia. Súmele a ello las pujantes temperaturas. Sencillamente se me desactivó la atención, toda actividad cerebral quedó reducida al mínimo ralentín, y a falta de asientos donde relegar mi pobrecito cuerpo, me dejé llevar por la inercia de las masas cual lerdo semoviente. Suelo responder así a las compras de trapos. Dani y Luigi por un lado, Bárbara y Mayra por otro. Yo podría estar contando cerillas. A falta de ellas, me limitaba a respirar.

Sin embargo, la melodía de un conciertillo que estaba teniendo lugar en un parque próximo provocó entre mis neuronas una reacción en cadena. Desperté (nadie se dió cuenta). No sé quién tocaba, pero la cancioncita era de Lucio Battisti, "Il mio canto libero". Muy bonita, créame. Un éxito en 1972.

Desde luego, en ese momento nada sabía yo del maestro Battisti, y de la cancioncita tan solo que la cantaba Laura Pausini en su último disco. No esperé a regresar a España, compré el LP de la Pausini allá en Italia con la esperanza de poseer esa canción en italiano. Mi chasco fué descubrir aquí que justamente la cantaba con Juanes en castellano como "Mi libre canción".

Pues nada, comparto con usted la letra en italiano. Considérelo la tardía satisfacción de un capricho finalmente resuelto.


In un mondo che
non ci vuole più
il mio canto libero
sei tu.

E l’immensità
si apre intorno a noi
al di là del limite
degli occhi tuoi.

Nasce il sentimento,
nasce in mezzo al pianto
e s’innalza altissimo e va…
e vola sulle accuse della gente
a tutti i suoi retaggi indifferente
sorretto da un anelito d’amore, di vero amore…

In un mondo che
prigioniero è
respiriamo liberi io e te.
E la verità
si offre nuda a noi
e limpida è l’immagine ormai .

Nuove sensazioni,
giovani emozioni,
si esprimono purissime in noi.
La veste dei fantasmi del passato
cadendo lascia il quadro immacolato
e s’alza un vento tiepido d’amore, di vero amore...

E riscopro te.

Dolce compagna che
non sai domandare ma sai
che ovunque andrai
al fianco tuo mi avrai se tu lo vuoi.

Pietre un giorno case
ricoperte dalle rose selvatiche
rivivono, ci chiamano.
Boschi abbandonati e perciò sopravissuti vergini
si aprono, ci abbracciano.

E riscopro te.

23 de mayo de 2007

Verba volant


“Buscamos la palabra más bonita de la lengua castellana”. ¿Lo recuerda, amable lector? Fue noticia el año pasado. Salió por la tele y por la radio. “Envíen un correo electrónico, un SMS, llamen por teléfono. Dígannos cual piensan que es la palabra más bonita, y en unos días les informaremos sobre las más votadas”. Una iniciativa de cándida vocación que tuvo, como solo podía tener, cándidas respuestas: “Paz”, “Amor”, “Verdad”, “Esperanza”, “Felicidad”.

Ya sabe, esas corrientes palabritas de uso tan cotidiano.

La cuestión es que con solo oírlo ya quise participar. Raro es que las chorradas más inútiles me resulten indiferentes, y de ningún modo podía abstenerme de contribuir en esta ocasión. Pero finalmente no pude. Lo intenté, pero la palabra no me dejó. No se asuste, no es nada raro. Seguro que a usted también le habrá sucedido en más de una ocasión. El fenómeno viene a ser algo así:

Quiere usted decir algo, una idea remolona que perezosamente vaga por su tierna mentecilla. Usted le ordena que salga al mundo y se exprese, “manifiéstate”, como cabe esperar de toda palabra de provecho. Entonces la palabrilla, de malas ganas y sin ningún entusiasmo, baja roneando por las meninges, descansa un segundín en el bulbo raquídeo, saluda tranquila y sin prisas a las chismosas amigdalas, se distrae embobada en la boca mirando sabe-dios-qué en el cielo del paladar, y una eternidad más tarde llega hasta la lengua. Justo en ese puñetero instante recuerda que se ha dejado los donuts, y claro, no es plan salir sin ellos. Se da media vuelta, regresa al coco, y de ese modo le perdemos la pista. Como es de esperar, usted pilla un berrinche y encarga a su renqueante memoria la búsqueda de esa holgazana. A todo esto, usted ya le ha dicho a alguien: “Espera, ahora te digo, que la tengo en la punta de la lengua”. Pero a la palabreja échele un galgo. Su cojitranca memoria se rinde, se tumba a echar la siestecita con sombrero mejicano y pone el cartel de no molesten. Dos o tres horas después, por puro accidente y absolutamente fuera de lugar, dice usted la palabra. Ya no sirve para nada, ¡pero qué descanso!

Eso mismo le sucedió a un servidor con “efímera”. Solo que fueron semanas lo que necesité para tropezar de nuevo con ese adjetivo tan escurridizo.

La votación ya había terminado. No recuerdo qué memez salió finalmente, pero desde luego mi voto no hubiera alterado en lo más mínimo el curso de los acontecimientos. Es más, “efímera” no fue una candidatura muy sólida, pues nada se dijo sobre los votos que pudo haber recibido. Quizás muy pocas personas votaron por “efímera”, quizás nadie.

Quizás los poquitos electores que hubieran querido votarla fueron, como yo, incapaces de recordarla.

Y es que, además de sonar muy bien, “efímera” es una palabrilla muy honesta: Es lo que dice, y dice lo que es. Se distrae con nada, se evade de todo, y enseguida se marcha. Por favor, amable lector: Ayúdeme a guardarla.

15 de mayo de 2007

El suicidio de Javert



Hace unos años se estrenó en Madrid la genial adaptación al teatro musical de la novela de Victor Hugo “Los Miserables” bajo la dirección de Ken Castwell, David White, Maria Luisa Castellanos y Vicente Fuentes. En Broadway fué un éxito arrollador, pero la producción española nada tuvo que envidiarle. He podido disfrutar de ambas, la yanki en vivo, y la otra en CD, y años más tarde sigo tarareando en la ducha el suicidio de Javert.

Es, con mucho, mi parte favorita. La oiré mil veces y siempre me emocionará. A esos 4 minutos de la obra dedico este artículo. Quizás has leído la novela, o quizás has visto la peli (“Adaptaciones, ¿un pecado?”, nota para un artículo futuro). Si es así puedes pasar al párrafo siguiente. Si no es así pero no te quita el sueño que te desvele brevemente el argumento y cómo acaba, te lo cuento: Francia, primera mitad del siglo XIX. Jean Valjean es un preso prófugo que quebranta su injusta condena. Javert es el carcelero que se obsesiona con Valjean, “24601”. Uno huyendo y otro persiguiendo durante años. En el devenir de ese tiempo Valjean adopta una falsa y respetable identidad como alcalde de una pequeña ciudad, y Javert casi le pierde la pista. Pero la metamorfosis de Valjean afecta no solo a su aparente identidad, sino también a sus convicciones morales. Los años han transformado al hombre rudo y pendenciero en alguien piadoso y compasivo. Por casualidad Javert recibe indicios de una pista que le lleva a Valjean, y llega a estar cerca de apresarlo. Pero el caos revolucionario que reina en la ciudad, a semanas de la Comuna de París, conduce a la paradójica situación de que sea Valjean quien aprese a Javert. El héroe decide, inesperadamente, liberar a su perseguidor. Y a consecuencia de ello, Javert se suicida. Reunión familiar de Javert con su hija adoptiva, plena redención, la niña se nos casa, y final feliz.

Bien, ya sabemos de qué trata “Les Miserables”. O al menos, qué pasa.

Como ya he dicho, me conmueve particularmente el momento del suicidio. Sin perjuicio de que Victor Hugo escribiera una obra monumental, ni la novela ni la película tienen comparación con el maravilloso monólogo cantado por Javert antes de arrojarse maniatado a las frias aguas del Sena. El monólogo en cursiva, y en azul voy comentando el tono de la musiquilla:

Valjean acaba de desatar a Javert, y se marcha. El inspector, boquiabierto y patidifuso, no acaba de dar crédito a lo sucedido cuando comienza a cantar frenético:

¿Quién puede ser? ¿Será el diablo quizá?
Estuve en su poder y me dejó en libertad
Cuando me tuvo a sus pies pudo vengarse de mí
Logrando así a la ley evadir…
Pude morir bajo su voluntad
Pudo matarme y aún así me perdonó…

¡No puedo ser el deudor de un ladrón!
¡Maldita sea si le dejo escapar¡
!Yo soy la ley, no se burla a la ley!
¡No admitiré que me tenga piedad!
No podremos jamás convivir:
Ha de ser o Valjean o Javert…

Aquí el ritmo se frena repentínamente. Un bucle de violines impone pausa y reflexión, y Javert comienza a derrumbarse hacia un final largo y grave:

¿Cómo le puedo permitir tener dominio sobre mí?
El hombre que yo he perseguido
Me dio libertad y me perdonó…
Darme la muerte pudo él,
fue su deber,
también el mío fue morir
Y no este infierno padecer…

Javert, como Saulo en el camino de Damasco, es derribado por una visión redentora con la que todo puede cambiar. Cuatro frases en stacatto (ma non troppo), rotundas y animosas. Optimismo y luz, cobran fuerza los vientos:

Siento gran confusión
¿A este hombre creer?
¿Perdonar sus pecados?
¡Su delito indultar!

Pero Javert en su fuero interno sabe que nunca será San Pablo. En su naturaleza está el escorpión, y comprende que su camino termina aquí porque su cambio es acabar. Frases largas en sus nudos, bajan tono y fuerza hacia el final al comprender su vida. Concluye grave y lento.

Y ahora tengo que dudar...
Yo, que jamás, jamás dudé…
¡Mi corazón se estremece!
El mundo que vi es oscuridad.

¿Del cielo o infierno es él?
Y sabe bien
que al concederme hoy vivir
La muerte reina en mi ser…

Si la desesperación puede ser sobria, en este punto se hace canto. Cada frase es un golpe de remo, sube y cae con determinación, claramente separada una frase de otra remarcando así puntadas de convicción en cada una. Hasta la cuarta frase parece que el ritmo se acelera en espiral, pero se ralentiza (y los instrumentos se exasperan) al llegar a la estrofa final.

¿Qué camino he de tomar?
Las estrellas negras son.
El vació frío es.
Y la vida maldición.

De este mundo he de escapar
Que tolera a Jean Valjean
Y mi vida fue un error
Ya no hay a donde ir…


La última vocal llega a un poderoso y persistente agudo que gradualmente pierde fuerza, evocando la caída al tormentoso rio. Tras ello vuelve la ritmica calma de violines y resto de cuerda, el reencuentro con la paz.

La música se puede describir (si sabes de música, que no es mi caso). Pero lo que no puede ser descrito es la sensación que provoca la música porque seguramente depende de algo escurridizo, íntimo, cambiante y único que hay en cada individuo en cada momento. Y describir la sensación emergente nunca pasará de tentativa, puesto que no hay código posible para ello.

Pero siempre vale la pena intentarlo. Como cuando se comenta un vino.

No he acabado con Javert, a él volveremos en próximos artículos. Pero quizás quieras, amable lector, seguir leyendo en el futuro este humilde y desconocido blog: En ese caso lo correcto era presentarte primero al inspector.


Javert, el amable lector.

Amable lector, el inspector Javert.


5 de mayo de 2007

Melancórbitas

Soyuz, soyuz,
la CPU te mira
con ojos cándidos.

Todo el verano
mirando los gallos marinos
que presumen en la lonja.

La jarra de vertidos
me riega las macetas
sin que yo se lo pida.

Un poco de sal
arregla hasta el mejor café.

4 de mayo de 2007

Qvo vadis, Ticivs?



El gran general marcha a la cabeza de sus veteranas tropas. Regresa victorioso, toda Roma le aclama. Hace unos minutos cruzaron el arco del triunfo, y ahora avanzan por la Vía Sacra. Los rebeldes han sido sometidos, y posiblemente el carro del general venga decorado con el cadaver del caudillo vencido. La cabeza, seguramente algunas extremidades, y quizás retales de piel decorando las ruedas: Es cuestión de gustos y de época. Con toda probabilidad marchen detrás encadenados el resto de los familiares. Vítores, música, incienso y danzas.

El mandato ha sido ejecutado con eficacia y rapidez, meses antes de lo previsto. El talento militar se traduce en el ahorro de sangre (romana) y en oro para el Imperio, que sigue creciendo en gloria y tesoro. El general es joven, y puede aspirar a mucho.

Senadores y ciudadanos. Patricios y plebeyos. Soldados y sacerdotes. A su paso, todos le aclaman. Los augures conjeturan sobre los favores de Marte, y por orden del Flamen Quirinalis se prepara el sacrificio de un carnero en homenaje al general. La estatua de Júpiter, en el Capitolio, ha sido desprovista de su túnica: Hoy el general se ha ganado el derecho de vestirla. Hoy la ciudad eterna es suya, hoy es agasajado, hoy todas las voces se rinden a él.

Todas menos una, según marca la tradición.

Un esclavo, llamémosle Ticio, camina detrás del general. Muy cerca. Mientras Ticio sujeta la corona triunfal sobre la noble cabeza del héroe, no cesa de susurrarle constantemente a pocos centímetros de la nuca:

“Respice post te! Memento mori!
Respice post te! Hominem te esse memento!".

(¡Mira tras de ti! ¡Recuerda que eres mortal!
¡Mira tras de ti! ¡Recuerda que solo eres humano!).


Dejando de lado la mutilación y el escarnio del vencido –que tienen su qué-, creo que esta costumbre romana de la época republicana es muy didáctica. Aunque en este blog pienso escribir principalmente sobre mis dev-OCIO-nes (aficiones y hobbies), de vez en cuando también quisiera compartir mis dudas contigo, amable lector. Mis convicciones me las reservo, que son pocas y anémicas. No, yo prefiero compartir mis dudas, que además de abundantes y sólidas, son mucho más higiénicas.

Me gusta la duda.

La duda: Antes que con el miedo, la asocio con la humildad. Por contra, aunque también pueda ser hija del miedo, la certeza acostumbra a parecer arrogante.

Igual has oído que vivimos tiempos de relativismo moral. ¡Ojalá! Pienso que actualmente esgrimimos argumentos morales con ferocidad. Los unos y los otros. En política, en religión, en arte, en sexo, incluso en ciencia –sobretodo-. Y no es que no sean necesarios, pero no hace falta perderle el respeto a los argumentos morales ajenos. Porque son tan estéticos como los propios. Escribo esto como declaración de intenciones, para que si te parece necesario y siempre que te apetezca “me leas la cartilla” frente a lo que vaya colgando. Intentaré encajarlo deportivamente.

Amable lector,

Al igual que nuestro amigo Ticio, ¿te comprometes a recordarme que soy humano? Si es así, yo te pagaré con la misma moneda. Guárdala para el barquero.

Memento mori. ¡Qué hábito más sano!