Después de las incomprensibles injusticias que han acaecido en esta última edición, os contaré como quiero que acabe Operación Triunfo este año:
Hasta ahora han estado luchando las fuerzas del orden contra las del caos. Virginia sirve a Pang Tang, y el resto son melniboneses palmando semana tras semana. Paroxismo sin fín entre las huestes demoniacas.
Pero entonces llega la actuación del artista invitado. Boutade o sabotaje de producción, no se sabe, pero no será ni Carlos Fonsi ni la nueva cantante de la Peya de Van Gog. Entra en escena un Campeón de la Luz, poderoso sobre la pasarela, pisando fuerte, y el silencio se adueña del plató. Él conoce muy bien los bioritmos de todo show y no deja nada a la improvisación. Comienza a chasquear sus dedos, y en ese preciso momento decide arrancar suavemente con su cantinela, subiendo poco a poco el tono:
"Sabandei, sabandán... sabandei, sabandán... ¡Aret-ma-chu-pei!"
Esos dos vasos de tubo podrían estar chocando hasta el amanecer. El público, los profesores, el jurado, Jesús Vazquez y el mismísimo Mejide... Todos fritos y catatónicos, no hay academia que pueda prepararlos para esto.
Entonces, en un momento fatal y preñado de puro dramatismo, lanza su grito desconsolado a los ocho vientos: "6.000 pesetas de güiski, Torrente".



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