
Conozco algo de la geografía y la historia de Granada: Por trabajo lo primero, por afición lo segundo. Por compromiso genético, todo. Mis antepasados paternos vienen de los Montes Orientales (una forma exótica de referirse al norte de Granada y al este de Jaén).
Me comenta mi padre, más aficionado que yo a la historia local, que con la rendición del reino nazarí y las injustas presiones que acabaron expulsando un siglo más tarde a la maltratada morería, se repobló la región con gentes del noroeste de la península. Basta ver la cantidad de topónimos gallegos o astures que pueden encontrarse desde la Contraviesa y la Alpujarra hasta la Sierra de Baza o la comarca de Guadix. Concretamente la repoblación de esta última fue obra del Duque de Gor, quien trajo consigo cierto número de pobladores cántabros entre los que con toda probabilidad tengo algún antepasado. Por otra parte, las ciudades donde hay mayor presencia de gente con mi mismo apellido paterno son Santander, Granada y Madrid (sí, ya ven con qué cosas me entretengo).
Admitámoslo: La hipótesis de que tuve un antepasado que cruzó la meseta a las órdenes del duque para establecerse y servirle en los dominios de Gor allá en los montes orientales no es ni descabellada ni descartable. Es más, confieso que incluso me hace gracia. Bastante gracia. Tiene su rollete épico.
Pero aún puedo retorcer un poco más el asunto. Si usted es un catedrático de historia especializado en el asunto y le resulta indudable que ya estoy desbarrando, no me saque de mi error. Se non e vero…
Supongamos que lo más verosímil sea creer que aquel contingente humano estuviese compuesto de familias sometidas al ducado por el vínculo del vasallaje. En ese caso, si hace cuatro siglos nuestro deber como siervos del Duque de Gor era llegar y mantenernos como pobladores en el norte de Granada, creo que mi abuelo desencadenó unilateral e inconscientemente la suspensión de ese vasallaje cuando decidió en el 63 (del s.XX, vive Dios) emigrar a Barcelona con toda la prole.
Pues bien, no seré yo quien reclame la vigencia de ese sometimiento. Seguramente ya debamos entender resuelto todo juramento de lealtad hacia el Duque, quizás en base al principio de prescripción extintiva. O lo que sea.
Sin embargo es posible que aún exista el ducado, y que aún haya un Duque de Gor. Incluso puede que esté leyendo estas líneas. En caso afirmativo, aprovecho esta plataforma para dirigirme a usted, señor duque. Le confirmo expresamente que no tengo la menor intención de volver a Alamedilla para asentarme allá. Ni mi domicilio ni mis ajadas posaderas.
Sin embargo, sepa Vuestra Excelencia que por respeto a las viejas deudas familiares, si acaso necesitare cualquier cosa no dude en llamarme. O visitarme, si así le place. Aparte de ramita de perejil y una tacita de sal, en la mesa de mi casa siempre tendrá un plato. Es más, hemos enriquecido considerablemente la cocina lemillera. Puede creerlo, no era difícil, incluso la hemos hecho algo más digerible. Jugaremos al ajedrez si le apetece, hablaremos del "Cascamorras" (tema a desarrollar en otro post), brindaremos por los vinos vijiriegos, y si encarta, prepararemos un choto al ajillo.
Pero no espere mucho más de mí, ni de mi estirpe, ¡pardiez!
Admitámoslo: La hipótesis de que tuve un antepasado que cruzó la meseta a las órdenes del duque para establecerse y servirle en los dominios de Gor allá en los montes orientales no es ni descabellada ni descartable. Es más, confieso que incluso me hace gracia. Bastante gracia. Tiene su rollete épico.
Pero aún puedo retorcer un poco más el asunto. Si usted es un catedrático de historia especializado en el asunto y le resulta indudable que ya estoy desbarrando, no me saque de mi error. Se non e vero…
Supongamos que lo más verosímil sea creer que aquel contingente humano estuviese compuesto de familias sometidas al ducado por el vínculo del vasallaje. En ese caso, si hace cuatro siglos nuestro deber como siervos del Duque de Gor era llegar y mantenernos como pobladores en el norte de Granada, creo que mi abuelo desencadenó unilateral e inconscientemente la suspensión de ese vasallaje cuando decidió en el 63 (del s.XX, vive Dios) emigrar a Barcelona con toda la prole.
Pues bien, no seré yo quien reclame la vigencia de ese sometimiento. Seguramente ya debamos entender resuelto todo juramento de lealtad hacia el Duque, quizás en base al principio de prescripción extintiva. O lo que sea.
Sin embargo es posible que aún exista el ducado, y que aún haya un Duque de Gor. Incluso puede que esté leyendo estas líneas. En caso afirmativo, aprovecho esta plataforma para dirigirme a usted, señor duque. Le confirmo expresamente que no tengo la menor intención de volver a Alamedilla para asentarme allá. Ni mi domicilio ni mis ajadas posaderas.
Sin embargo, sepa Vuestra Excelencia que por respeto a las viejas deudas familiares, si acaso necesitare cualquier cosa no dude en llamarme. O visitarme, si así le place. Aparte de ramita de perejil y una tacita de sal, en la mesa de mi casa siempre tendrá un plato. Es más, hemos enriquecido considerablemente la cocina lemillera. Puede creerlo, no era difícil, incluso la hemos hecho algo más digerible. Jugaremos al ajedrez si le apetece, hablaremos del "Cascamorras" (tema a desarrollar en otro post), brindaremos por los vinos vijiriegos, y si encarta, prepararemos un choto al ajillo.
Pero no espere mucho más de mí, ni de mi estirpe, ¡pardiez!
Actualmente rindo servidumbre a otra Casa,
concretamente la de Bárbara & Jesús.
concretamente la de Bárbara & Jesús.
Por si le interesa, profesamos este himno:
Esto no se toca, quita,
Con esto no se juega, dale.
Esto no se toca, quita,
Con esto no se juega.
Quita los pies de la mesa,
en el salón no se juega,
en el sofá no se come…
Con esto no se juega, dale.
Esto no se toca, quita,
Con esto no se juega.
Quita los pies de la mesa,
en el salón no se juega,
en el sofá no se come…
Semos república independiente.
Pero de buen rollo.
