19 de septiembre de 2008

El fuego quema, el mar es azul...

... Y los niños son crueles. Si, son certezas iuris et de iure, no admiten prueba en contra. Es así y punto. Pero por innegable que resulte la mala leche de los párvulos, no veo porqué hay que hacer ostentación publicitaria de la misma.

Me quita el sueño el niño acusica ese que siempre carga el muerto de su propia gula al pobrecito pez Fermín. "Fermín, ¡esta vez te has pasado!", o la última, "Fermín, de patitas a la calle". ¡Qué cabroncete! Vale, el chaval es un actor, seguro que en la realidad no es tan gafotas, pero qué repelús me da ver la bolsita de agua del infeliz pececito expiatorio.

Ahora bien, ¿habeis visto este otro anuncio? Un niño y una niña sentados en un banco del parque abren una caja de galletas, cuando se acerca otro niño menos sonriente y cruza sus brazos sin mediar intimidación explícita de ningún tipo; Entonces todo se vuelve como de dibujos animados y la parejita, convertidos ya en supercabrones del espacio y declamando al alimón como dos posesos, dicen antes de maniatar y tumbar al dibujito del otro -ya convertido en feo alienígena de cuatro patas-: "¡Vas a ver las estrellas!".

¿Y con esto se venden galletas?

Me parece que el guionista, antes de idear el argumento del anuncio, se dió un buen atracón de otro tipo de galletas algo más condimentadas. O eso, o se quiere informar a los sedientos cerebritos de los peques que, el día de mañana, solo jalará quien esté dispuesto a cebarse con el pardillo indefenso.

En la foto, Bart siendo políticamente correcto: Donde aparece un soldadito de plástico, realmente vemos un hormiguero.

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