
No es vocación de este blog comentar la política. Esto quisiera, como dice Andrés, parecerse a la República de las Letras, o a la Anarquía de la Evasión -diría también, y con razón-. Pero tampoco es vocación de este blog se consecuente con ninguna vocación, y hoy hay un tema que me apreta donde no quisiera.
Quiero escribir sobre algo que ví de las municipales en Euskadi.
Sigo creyendo que la Ley de Partidos fue un error monumental, y que ilegalizar a HB (llámese como se llame) fué un acto de miopía. No se confunda nadie: Si a resultas de las pesquisas de Interior se lograba constatar que miembros de una corporación municipal o incluso dirigentes de la estructura interna del partido pertenecian o colaboraban con la acción criminal de ETA, la ley debía cumplirse con plena rotundidad. Incluso si alguna sección de la estructura servía a la financiación terrorista, la medida inmediata debía ser la pronta detención de todo sujeto en alguna medida involucrado, la intervención de los activos (inmobilizados, realizables y disponibles) sujetos a esa estructura, así como su depósito judicial y la suspensión indefinida de toda suerte de subvención o transferencia pública. El objetivo era que, ante la sospecha en algún extremo fundada de que desde la estructura de la organización se estubiera financiando el terrorismo, se cortara esa posibilidad. La razón de la ausencia de condena al terrorismo era espurea. Tengamos presente que el Estado de Derecho no se pronunció sobre la legalidad de HB durante muchos años, y en ese tiempo ETA se cobró la vida de cientos de personas. Los partidos demócratas tenían claro -ante toda esa sangre- que jugar con las pasiones del drama era poco menos que inmoral e imprudente.
En el panorama actual, todo vale. La relación calidad-precio de jugar al golpe de pecho con las víctimas es demasiado atrativa: El rencor no ha desaparecido, y la falta de escrúpulos ya no está tan asociada con el sentido de lo estatalmente negligente. De otro modo, como ahora contamos con que apenas cabe esperar atentados por parte de ETA (salvo la T4 en Barajas), podemos salir a hacer el bravucón. Desde el tendido de sol no silvarán demasiado, e incluso, contamos con el favor de ciertas gradas de la sombra.
Salvo las cuatro casandras de turno, este país se comió con patatitas la ilegalización de una fuerza política que, nos guste o no, representa un importante porcentaje de la población de Euskadi. Se pudo haber optado por medidas igual de efectivas, pero menos irreversibles a efectos pragmáticos, como las antes citadas.
Pero se atacó a la ultima ratio, se prohibió la expresión electoral. No bastó embargar HB, encerrar a la organización financieramente (y penalmente a quienes correspondiera). Sencillamente se optó por la ejecución de un partido político.
¿Se ejecutó? Ya hemos visto que no. Se mata al perro pero no a la rabia, que se encarna en todos los perros que haga falta. Entendámonos: Considero que es injusto respecto a las sanguijuelas compararlas con los dirigentes de HB, ni a las víboras con Otegi. Ni siquiera lo digo juzgando su discurso moral ni su inconsistencia: para despreciarles es suficiente contemplar la nula honradez política demostrada después de tantos esfuerzos y generosidad demostrada por parte de las diversas fuerzas demócratas (sí, en la izquierda, y también en la derecha nacionalista). Ni medio paso hacia el entendimiento, ese es todo el activo político y moral que podemos reconocerles. Y muchos vimos como parte de su base electoral les venían pasando factura desde algun tiempo.
Bien, el caso es que las mayorías parlamentarias decidieron el paso de la Ley de Partidos. Y esa ley nos parecerá lo que sea, pero no olvidemos que las mayorías parlamentarias son lo que son. SON LO QUE SON. Y la democracia es un juego de adultos.
Dura lex, sed lex (dura es la ley, pero es ley). Y mientras no cambiemos la ley, asumamos y defendamos su cumplimiento. Esa defensa no es incoherente con estar haciendo lo procedimentalmente posible por cambiarla. De hecho, considero que es la opción más noble y comprometida. Por que el compromiso real debe suponer costes de coherencia.
Me resitúo con esta reflexión en el momento que vivo. Veo en la tele a Odón Elorza apartar con una mano una pancarta que un energúmeno le acerca a la cara. Con la otra mano sostiene la papeleta, y tiene dificultades para votar. Es 28 de mayo, son las noticias de las 10 de la noche. Estoy cabreado, no quiero que en mi pais pase esto. Elorza se tiene que joder, y mete la papeleta mientras tiene detrás a otros cinco imbéciles incordiándole.
Pero Elorza tiene escoltas, y esta escenita en el colegio electoral se reproduce en TV. ¿Qué pasa con Aitor Sánchez, un tipo cualquiera en cualquier otro colegio de San Sebastián, sin medios de comunicación delante? Si en mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, llego a la urna con una chapa que diga cualquier majadería, alguien vendrá a decirme que salga o me guarde la chapa. Y tendrá razón. ¿Por qué la ley se tiene que joder, y mirar a otra parte mientras cuatro fundamentalistas, pertrechados con la cartelería que les da la gana, vigilan qué papeleta coje Aitor Sánchez?
“Dura lex sed lex” debería ser cierto. Pero en Euskadi, a mediados de 2007, sigue siendo más cierto lo de “Inter armas silent leges”.
De aquellos polvos, estos lodos.
¿Se puede con tanto barro?
Quiero escribir sobre algo que ví de las municipales en Euskadi.
Sigo creyendo que la Ley de Partidos fue un error monumental, y que ilegalizar a HB (llámese como se llame) fué un acto de miopía. No se confunda nadie: Si a resultas de las pesquisas de Interior se lograba constatar que miembros de una corporación municipal o incluso dirigentes de la estructura interna del partido pertenecian o colaboraban con la acción criminal de ETA, la ley debía cumplirse con plena rotundidad. Incluso si alguna sección de la estructura servía a la financiación terrorista, la medida inmediata debía ser la pronta detención de todo sujeto en alguna medida involucrado, la intervención de los activos (inmobilizados, realizables y disponibles) sujetos a esa estructura, así como su depósito judicial y la suspensión indefinida de toda suerte de subvención o transferencia pública. El objetivo era que, ante la sospecha en algún extremo fundada de que desde la estructura de la organización se estubiera financiando el terrorismo, se cortara esa posibilidad. La razón de la ausencia de condena al terrorismo era espurea. Tengamos presente que el Estado de Derecho no se pronunció sobre la legalidad de HB durante muchos años, y en ese tiempo ETA se cobró la vida de cientos de personas. Los partidos demócratas tenían claro -ante toda esa sangre- que jugar con las pasiones del drama era poco menos que inmoral e imprudente.
En el panorama actual, todo vale. La relación calidad-precio de jugar al golpe de pecho con las víctimas es demasiado atrativa: El rencor no ha desaparecido, y la falta de escrúpulos ya no está tan asociada con el sentido de lo estatalmente negligente. De otro modo, como ahora contamos con que apenas cabe esperar atentados por parte de ETA (salvo la T4 en Barajas), podemos salir a hacer el bravucón. Desde el tendido de sol no silvarán demasiado, e incluso, contamos con el favor de ciertas gradas de la sombra.
Salvo las cuatro casandras de turno, este país se comió con patatitas la ilegalización de una fuerza política que, nos guste o no, representa un importante porcentaje de la población de Euskadi. Se pudo haber optado por medidas igual de efectivas, pero menos irreversibles a efectos pragmáticos, como las antes citadas.
Pero se atacó a la ultima ratio, se prohibió la expresión electoral. No bastó embargar HB, encerrar a la organización financieramente (y penalmente a quienes correspondiera). Sencillamente se optó por la ejecución de un partido político.
¿Se ejecutó? Ya hemos visto que no. Se mata al perro pero no a la rabia, que se encarna en todos los perros que haga falta. Entendámonos: Considero que es injusto respecto a las sanguijuelas compararlas con los dirigentes de HB, ni a las víboras con Otegi. Ni siquiera lo digo juzgando su discurso moral ni su inconsistencia: para despreciarles es suficiente contemplar la nula honradez política demostrada después de tantos esfuerzos y generosidad demostrada por parte de las diversas fuerzas demócratas (sí, en la izquierda, y también en la derecha nacionalista). Ni medio paso hacia el entendimiento, ese es todo el activo político y moral que podemos reconocerles. Y muchos vimos como parte de su base electoral les venían pasando factura desde algun tiempo.
Bien, el caso es que las mayorías parlamentarias decidieron el paso de la Ley de Partidos. Y esa ley nos parecerá lo que sea, pero no olvidemos que las mayorías parlamentarias son lo que son. SON LO QUE SON. Y la democracia es un juego de adultos.
Dura lex, sed lex (dura es la ley, pero es ley). Y mientras no cambiemos la ley, asumamos y defendamos su cumplimiento. Esa defensa no es incoherente con estar haciendo lo procedimentalmente posible por cambiarla. De hecho, considero que es la opción más noble y comprometida. Por que el compromiso real debe suponer costes de coherencia.
Me resitúo con esta reflexión en el momento que vivo. Veo en la tele a Odón Elorza apartar con una mano una pancarta que un energúmeno le acerca a la cara. Con la otra mano sostiene la papeleta, y tiene dificultades para votar. Es 28 de mayo, son las noticias de las 10 de la noche. Estoy cabreado, no quiero que en mi pais pase esto. Elorza se tiene que joder, y mete la papeleta mientras tiene detrás a otros cinco imbéciles incordiándole.
Pero Elorza tiene escoltas, y esta escenita en el colegio electoral se reproduce en TV. ¿Qué pasa con Aitor Sánchez, un tipo cualquiera en cualquier otro colegio de San Sebastián, sin medios de comunicación delante? Si en mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, llego a la urna con una chapa que diga cualquier majadería, alguien vendrá a decirme que salga o me guarde la chapa. Y tendrá razón. ¿Por qué la ley se tiene que joder, y mirar a otra parte mientras cuatro fundamentalistas, pertrechados con la cartelería que les da la gana, vigilan qué papeleta coje Aitor Sánchez?
“Dura lex sed lex” debería ser cierto. Pero en Euskadi, a mediados de 2007, sigue siendo más cierto lo de “Inter armas silent leges”.
De aquellos polvos, estos lodos.
¿Se puede con tanto barro?

2 comentarios:
Hola Chuso:
Según las cuentas que saca Gara, ANV ha sacado 187.000 votos, supongo que sumándose votos nulos que en total han alcanzado el 10% en Euskadi. Más interesante es el caso de Navarra, en fins.. Un saludo
Pues eso mismo. ¿En qué sentido es Navarra más interesante? (tema para una entrada donde quieras)
Se está preparando una reedición del Webo. Viejos escribas están por la labor. Tú, como Anticristo, eres imprescindible para un producto de excelencia, como el pimiento a las buenas migas. Como sugerencia, podrías ir calentando en Explorigator: Ya ves que te linko aquí, pero hace tiempo que no actualizas, BRX. Il faut du temps (+o-)...
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