20 de diciembre de 2007

Colaboren


En una conocida cafetería de Rambla Catalunya con Ronda Universitat pueden encontrar este inquietante cartelito situado en la pared que queda junto a las mesas.

Como verán, estamos hablando de una zona que durante todo el año presenta una importante densidad de guiris. ¿Y a quién encontramos siempre cerca del guiri? Aparte del trilero y su tosca cuadrilla (espectáculo del que jamás me cansaré), ahí tenemos a lo más granado del gremio del latrocinio, a los tahures del bolsillo ajeno o los gráciles recolectores del cuero relleno, quienes en definitiva viven para preservar con devoción la que realmente es la profesión más antigua del mundo. Lo de la prostitución vino después, el arte más remoto de nuestra civilización no es ni la escritura ni la agricultura, sino el latrocinio.
Vean el letrero. ¿No les resulta algo desafortunado? Sabemos de la buena intención del posadero, quien desea prevenir a las señoras acerca del choriceo que prolifera por la zona. Yo los he visto en acción a la hora del menú de mediodía, auténticas operaciones "relámpago" coordinadas y ejecutadas en equipo con una eficiencia tal que resulta digna de estudio, que no de elogio.
Y quien lo lee comprende la vocación del letrerito trascendiendo más allá de la fortuna expresiva. Pero ¿se imaginan cómo cambiaría la cosa si debajo de "GRACIAS" figurase una firma que dijera "El Mangi"?

Pues eso, no olvide dejarlo a la vista.
Eso sí, a la suya.
La de usted, no la del mangi.

1 comentario:

El Chusco dijo...

¿Montgomery, no le parece que este artículo es un montón de guano?