10 de julio de 2008

Las razones del desaire

Mi amigo Breixo. Cualquiera que lo conozca diría que no duerme. Él mismo lo diría. Yo sospecho que pasa las 24 horas del día al quite de la noticia. Eso sí, de noticias siempre marginales. Si la cultura fuera futbol, a mi gallego predilecto le pirraría la tercera regional. Para comentar las aburridas mandangas de los titulares ya hay muchos.

Siempre he hecho cansina gala de mi devoción por la banda de pop zaragozana "El niño gusano". Si de algo he sido fan es de este grupo. No es poco decir viniendo de alguien tan gregario como yo. Pero llevan ya muchos años sin sacar disco (es lo que cabe esperar de las bandas disueltas), y yo llevo también muchos meses sin repasar los CD's que tengo.

Ayer tenía ganas de escribir algo, pero no tenía nada en la mollera que me pareciera interesante para compartir. Y si lo tenía, seguramente no convenía difundirlo a los cuatro vientos. Creanme... Esto de los blogs es mucho menos privado de lo que parece... La cuestión es que, a falta de recursos, se me ocurrió colgar un video de mi grupo favorito. Después de tantas semanas sin bloguear, debía colgar algo bueno.

Hoy leo un comentario de Breixo sobre una noticia de ayer: Sergio Algora, vocalista y líder del grupo "El Niño Gusano", acaba de fallecer.

Me acuerdo de una ocasión que fuí a verles en concierto. Desde luego no fue la única que los ví actuar. Esa vez era en Molins de Rei o en Sant Feliu, por ahí. Fuimos tres amiguetes, y contra toda costumbre llegamos al lugar algo más de una hora antes de lo previsto. Ellos se fueron a buscar tabaco y yo me acerqué sediento a un bar próximo al garito donde se daría el concierto. Me senté a la barra y pedí un trinaranjus. De eso me acuerdo porque dos minutos después, cuando llegaba mi trinaranjus (limón, como la Infanta separada), me dí cuenta que justo a mi lado y sentados en esa misma barra estaban los Niños Gusanos echando un trago antes de irse a afinar las guitarras y demás. Aluciné unos 10 segundos, y a continuación tomé una decisión de la que jamás me arrepentí: Decidí no mirarlos, no escucharlos, sentarme más lejos, pagar inmediatamente, y largarme ipso facto, lo más rápido posible.

¿Porque? ¿Qué clase de fan haría algo así?

Pues el fan que no quiso embalsamarlos ni exponerlos en plena Plaza Roja.

Comprendí en aquella barra que corría el riesgo de repetir el error. Un par de años antes había entrando en el mausoleo de Lenin, allá en Moscú, frente al impresionante Kremlin. Y fué un jodido error. Dramático. El mito cedió ante la momia. ¡Enfréntate a la piedra falsa de la verdad! Da igual, la vulgaridad de la vivencia real es un rodillo que todo lo puede. Toda figuración platónica, por sólida que parezca, se desmorona si la tocas.

Sr. Algora, reciba de éste fan el cálido y afectuoso saludo que sin saberlo se le negó aquella tarde en aquel bar, minutos antes de aquel concierto. Disculpe el retraso. No hubo traición en el desaire, más bien fidelidad.