17 de septiembre de 2007

La cosa que importa

Por más que nos guste creer que somos gente de pensamiento crítico, no lo somos. Cítricos o crípticos, y no tiene mérito. Damos por sentadas muchas cosas, y apenas reparamos en muchísimas más. No pasa nada, es sano que así sea. Dudar de todo, vivir intrigado... eso debe cansar mucho.
Bien está ir tropezando con la sorpresa.

Nunca me dió por pensar que la x de las ecuaciones pudiera tener algún origen concreto. ¿Quién bautizó matemáticamente a la incógnita como "x"? ¿Porqué no "j", o un heptagrama, o "kirikú", o el dibujo de una tortuga sonriente?

Hoy he leído algo de Omar Jayyam, un matemático iraní del siglo XI. A él se debe la invención del Yalalí, el actual calendario persa, bastante más preciso que nuestro calendario gregoriano (que descuadra un día cada 3330 años, mientras que el persa lo hace cada 3770). Su contribución a las matemáticas fué tan importante como desconocida es hoy para la mayoría de nosotros. El primero en mostrar cómo se desarrolla la potencia de un binomio con exponente natural (esto lo vimos en el cole, ¿os acordáis?), el primero en lograr un método para resolver ecuaciones cuadráticas y cúbicas a partir de sus secciones cónicas (¿quizás en el instituto?), y quien anticipó ocho siglos la irresolubilidad de las ecuaciones de tercer grado por regla y compás (ni flowers del tema...). Y sobretodo un pionero advirtiendo que los quebrados abrirían un horizonte muchísimo más potente que el manido campo de los números naturales.

Sin embargo, lo que más me ha sorprendido es descubrir que a él debemos esa "x" que tantas veces hemos despejado en álgebra: Resulta que Jayyam llamaba shay ("la cosa" en árabe) a la incógnita de la ecuación. Ese nombre deribó al castellano antiguo como xay, y finalmente, se resumió en x. Seguramente quienes hayan leído "Samarkanda", de Amín Maalouf, ya lo supieran. No es mi caso.

Pero no he conocido a Jayyam por su matemática, sino por su poesia. Naturalmente, poesia sobre la vida y el vino:

No supe porqué me trajeron al mundo
y me dieron la vida.
¿Porqué entonces quejarme
de que ésta sea breve
si aún debo agradecerla?
Que se me sirva vino,
que quiero aprovecharla.

Y en otra parte:

De aquel jarro de vino
que a nadie perjudica,
llena tu copa y bebe, muchacho,
y sírveme a mi otra,
antes de que haga sin prestar atención,
con tu tierra y la mía,
un jarro el alfarero.

No sé que quedará de cierto sobre la obra de un hombre después de un milenio de guerra y mentiras. Pero me gusta lo poco que ha quedado dicho. Y aún más imaginando al erudito humanista aislando las cosas que importan en el fondo de una copa.

Se non è vero, è ben trovato.
¿no te parece?

2 comentarios:

Los amigos de don Latino dijo...

Este si que es bonito, joder!!!!, basta ya de calentarnos la cabeza con los nacionalismos, los centralismos, los idiomas puros y los trapos de colores, la vida es vivir y hay que vivir la vida.

Por cierto, siempre le tuve mucho cariño a las ecuaciones, no así a la trigonometría, que me jodió mi primer segundo de BUP (si no fuera por las mates sólo habría suspendido 7 ese año)

Anónimo dijo...

Vino, vino, vino,
¡más vino por favor!
Que la vida es solo vino,
que la vida es solo vino,
y los sueños
vino son.