12 de septiembre de 2007

Porque lo necesito ("Burro bueno..." 2ª parte)


Esta noche estoy repasando mi último post, “Burro bueno toro malo”, y veo que puse más víscera que análisis. En realidad, no hay nada de análisis. Y eso no es bueno para mi karma, estoy seguro.

Por lo general no me preocuparía. Yo me divierto escribiendo un post, tú quizás te diviertes leyéndolo, encima me mandas un comentario, y entonces lo veo y lo leo… Con eso tengo de sobras, soy feliz y justifica el rato que le dedico al blog. Sin necesidad de analizar nada. El medio ya es suficientemente mensajoso, como McLuhan pudo haber dicho.

Pero lo escribí así porque sí, “porque lo necesito”, por imperativo jacobiano. Y ya que este blog es sobre todo leído por gente que aprecio y que me importa, me gustaría explicar mis porqués.

Solo encuentro motivos que me empujen a pensar que el nacionalismo es siempre binario. Cuanto menos por aquí. Con binario quiero decir “auto-opuesto”. Como una moneda, que no se puede definir con una sola cara. Como nublado, que no tendría razón de ser sin despejado.

Haz la prueba: Toma el diccionario de la Real Academia de la Lengua, o la Enciclopedia Británica. Si tratas de entender el significado de una referencia a traves de los significantes utilizados en la definición, acabarás necesitando encontrarle también significado a los significantes que intentan definir esa primera referencia. Y así sucesivamente, un círculo vicioso de referencias. Acabas comprendiendo que el diccionario (el código de significantes) es un enorme marco referencial cerrado donde los significantes, lejos de transustanciarse finalmente en significados, se sostienen en el equilibrio de sus recíprocas diferencias. In other words, el significante elegido servirá porque no hay otro significante menos malo, intuitivamente menos lejano o inapropiado, y no porque llegue a abrir jamás la puerta al significado. Los signos, en última instancia, solo se sostienen por la única razón de ser diferentes entre sí.
Y todo el sistema guarda algún equilibrio por la tensión repartida, como en la tela de araña. Pero a diferencia de ella, aquí no hay un centro del cual parte todo. No valen soluciones logocéntricas.

Y es que de signos hablamos. Patrias, banderas, himnos, familias reales, presidentes de la república y selecciones de handbol. Y de la aparente ilusión de significados tras ellos. Patria ficta. Según pienso, de su vácua naturaleza y de su genética necesidad de diferencia. No hay bandera que se sostenga por sí misma. No es el mástil, son las otras banderas las que la sostienen firme en algún imaginario posible.

La differance de la filosofía deconstructiva, para más señas.

El nacionalismo contemporaneo (el pensamiento no energumenado, esto es, el no constituido solo por rechazos y por la necesidad de aullar junto al grupo) ya no busca fuentes constitutivas en derechos históricos o de comunidades lingüisticas. Impregnado por el pensamiento demócrata, ese nacionalismo moderno se constituye a partir de lo que podemos denominar consenso identitario. No hay un etéreo Wolkgeist o “espíritu nacional” que el Destino reserva a un pueblo. La corriente va en el otro sentido: Es más bien un Pueblo que reivindica un destino (autodeterminarse, dotarse de un ordenamiento jurídico y unas instituciones propias y exclusivas, etc). Sin eso, la nación es una caja vacía.

Diría: “Este nacionalismo no construye desde la historia, sino desde la vocación. El significante es válido, rellenémoslo.”

Es respetable. Solo empieza a energumenarse cuando sostiene como algo irrefutable que hay un evidente clamor popular. Salvo que yo me haya criado en la Catalunya del Show de Truman, eso no sucede aquí tal y como se describe por la clase política catalana (PP y C's aparte), sus familias, y sus diversas correas de expresión. Me parece que la invocación de ese consenso identitario no parte del clamor sentido, sino del sentido del glamour.

Desde luego no es de extrañar: Basta ver que la otra cara de la moneda, la identidad de la España Roja-Amarilla-Roja, tiene a principios del siglo XXI muy poquito glamour. ¿Cómo podría ser de otro modo? Esos colores durante su corta vigencia histórica han jugado el papel de criminal, y no de víctima. Eso dicta la historia pública y publicada. No carente de razón en muchísimas ocasiones, las más, pero tampoco dotada de asepsia historiográfica.

Diría: “Ese otro nacionalismo es inadmisible por su historia. Ni te acerques a esos símbolos, no vale la pena limpiarlos y volver a rellenarlos.”

Eso es lo que me subleva. Veo una injusta arbitrariedad. Quienes con satisfactoria desinhibición dicen “lo que PODRÍA Y DEBERÍA ser Catalunya” arrugan el morro cuando otros (muy pocos y "DES-REPRESENTADOS") dicen abiertamente desde Catalunya “lo que PODRÍA Y DEBERIA ser España”, aún cuando se aspira al mismo relleno de democracia, justicia y progreso, y encima con el lastre identitario de la dictadura.

Quisiera reivindicar el derecho INDIVIDUAL (OJO: No hablo de ningún derecho colectivo) a sentirse español sin tener que avergonzarse de nada, ni de ser avergonzable por nadie, como identidad nueva y construida hacia futuro. Porque España también puede ser un proyecto bello. No es justo que la expresión pública de esa identidad por una persona siga siendo algo reprochable. Es injusto que juzguemos con tanta simpleza unos símbolos de un modo y otros símbolos de otro modo. Porque cuando yo veo la Senyera (por ejemplo, la que tengo en casa) no le incorporo la imagen de nadie llamando "charnego" a nadie. Si nos quejamos de que la derecha criminaliza al nacionalismo, no criminalicemos los nacionalismos que otros quieran imaginar si no son criminales.
Y quiero imaginar (es mi elección) un honrado proyecto de construcción nacional de España donde juegue también Catalunya, como nación confederada, con su individualidad reconocida, su selección nacional, su bandera y sus Segadors cantados en los mundiales.
Quizás haya deportistas catalanes que, en el desarrollo de su individualidad como conciencias morales autónomas, prefieran competir en esos mismos mundiales bajo otra bandera menos específica. Gente rara de esa, que integra más de una identidad sin padecer esquizofrenia que le inhabilite socialmente. Seguro que la Federación Catalana no pondría ningún reparo. ¿O no?

Pero eso que planteo es lo que yo pienso.
Con el resto de mis cosas, mis ideas y mis sentimientos.
Lo mío, que no tiene porque ser de nadie más que no lo quiera.
Con mi pan me lo como.

PD: Veo que sigo sin hacer análisis, esto es, aislar lógicamente la fuente del malestar. Quizás sea porque no soy capaz, pero también puede que sea tarea imposible. Entonces, si este tema es una enorme maraña sentimental...

No sé cómo arreglarlo.
Solo sé cómo empeorarlo.

2 comentarios:

Los amigos de don Latino dijo...

Desde luego la palabra es barroco, pero barroco con cojones.

La verdad es que no me atrevo a contestar porque todavía estoy masticando el texto. Pero si es verdad que algunas frases me causan cierto reparo porque el concepto de nación es el mismo que el de exclusión y también se alimenta de la expansión, de comer los alrededores (o los interiores en el caso de los centralistas).

No sé si me explico, pero la verdad es que la rima me ha gustado mucho.

El Chusco dijo...

Pues un poco sí. No pasa nada, Rulet, si llegas a la linea 10 y no te engancha, déjalo. A mí tampoco me ha gustado.