
Perpelín es un incordio. Es un duende jodón. Tiene la fea costumbre de presentarse en el momento más inoportuno solo para ofrecerte insignificantes descuentos en los botellines de humo que comercializa.
Su estrategia de venta es simple a la par que extraña: Se limita a mantener lo que él llama “la táctica de la liviana insistencia”. Te visita y te enseña un botellín, te lo muestra con sus grises manitas. Al menor gesto desinteresado por tu parte y en apenas un pestañeo, Perpelín se desvanece, literalmente se esfuma. Pero por arte de magia vuelve a aparecer al dia siguiente. Quizás por la mañana en el lavabo, quizás por la tarde en la cafetería. Saluda afectadamente, arruga la boca y vuelve a mostrarte delicadamente el botellín. No te da tiempo a decirle que no, y ya desaparece de nuevo.
La molestia no parece mucha, pero tu interés en la botella de humo es muy poco. Perpelín aparece al dia siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Y cada vez escoje peores momentos, cuando estás más agobiado, o en la intimidad, o sencillamente en tu merecido y esperado descanso. Además de jodón, Perpelín debe ser un duende malayo.
Estoy harto de Perpelín. Tengo muy claro que no se cansará nunca de promocionarme su inútil producto.
Quizás le acabe comprando un frasquito.
Su estrategia de venta es simple a la par que extraña: Se limita a mantener lo que él llama “la táctica de la liviana insistencia”. Te visita y te enseña un botellín, te lo muestra con sus grises manitas. Al menor gesto desinteresado por tu parte y en apenas un pestañeo, Perpelín se desvanece, literalmente se esfuma. Pero por arte de magia vuelve a aparecer al dia siguiente. Quizás por la mañana en el lavabo, quizás por la tarde en la cafetería. Saluda afectadamente, arruga la boca y vuelve a mostrarte delicadamente el botellín. No te da tiempo a decirle que no, y ya desaparece de nuevo.
La molestia no parece mucha, pero tu interés en la botella de humo es muy poco. Perpelín aparece al dia siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Y cada vez escoje peores momentos, cuando estás más agobiado, o en la intimidad, o sencillamente en tu merecido y esperado descanso. Además de jodón, Perpelín debe ser un duende malayo.
Estoy harto de Perpelín. Tengo muy claro que no se cansará nunca de promocionarme su inútil producto.
Quizás le acabe comprando un frasquito.

2 comentarios:
¿Quien narices es Perpelín?
Perpelín es una idea, también es una persona, e incluso, una manada de gente.
Pero ya ves que eso no tiene gracia. Lo realmente bueno es saber que tú no eres Perpelín.
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