
Por la boca muere el pez.
Hace unos días vinieron unos amigos a casa. Preparamos un arroz de melvas, un túnido del mediterraneo sabrosón como pocos, y bebimos unos vinos. En el fragor de la sobremesa, se me ocurrió insistir en el manido tema (me hago pesado) de lo poco trabajado que tenemos el sentido del olfato.
Entonces saqué la cajita de los aromas. El público era receptivo, y el juego de identificar olores siempre resulta divertido. 48 posibilidades distintas, entre las que hay aromas vegetales, minerales, frutales, balsámicos, torrefactos, especiados, etc... y los defectos. Había un aroma defectuoso que jamás nadie había identificado.
Y ahí fué donde se me ocurrió decir lo que nunca debe ser dicho: "¡El que acierte éste, seré su lacayo!... jajaja... ¡nunca lo acertaréis!...". Creo que en ese momento era Andrés quien tenía el potecito en las manos. Aina se lo coje, lo huele, y sin el menor atisbo de duda, sin que acaso le tiemble una ceja, dicta sentencia: "Pipí de gato". Soberbia, Estupidez y Temeridad son tres hermanas que llevan años viviendo de okupas en mi cabeza. El turno de la risa era ahora para Bárbara y Andrés. Aina insiste en lo evidente del olor, mientras el suelo me niega un agujero donde esconderme.
Por todo ello, a la titular de tan honorable naríz, desde aquí reciba un respetuoso saludo:
A vuestro servicio, Excelencia.

2 comentarios:
bien empleado le está, Ms. Le Chusque.
oui, c'est vrai, mon ami!
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