7 de noviembre de 2007

Mi tío Palmiro

Por finalizar la trilogía de los hombres sentados (iniciada con AHORRO ENERGETICO y continuada con UNA OPORTUNIDAD PARA PACO), les voy a hablar del señor de la foto.
Mi tio Palmiro sería una persona encantadora si hablara. No es que los mudos sean incapaces de ser encantadores; ya se sabe, lo que decimos es solo una décima parte de lo que comunicamos, y sin duda conoce usted a más de un individuo cuyo encantabilidad ganaría muchísimo con una mudez sobrevenida.
No, no, nada contra los mudos. El caso es que Palmiro solo sabe ser encantador por la palabra, pero la palabra le esta vedada. Perdió la lengua de una forma estúpida, una broma de mal gusto en la Legión extranjera, no vamos a entrar en eso... El caso es que Palmiro no dice ni mú.
Ahora sale todas las tardes con su sombrero de felpa, se sienta en la terraza de alguna cafetería burgalesa a consumir un amaro Ramazotti, y piensa en las alegres historias que le contaría a Fregón.
¡Ah, Fregón! Hay gente caminando por el parque, pero pocos reparan en la pintoresca pareja formada por Palmiro y Fregón. Nadie sospecha que no es el hombre quien pasea al perro, sino que es Fregón quien pasea a Palmiro. Porque Fregón es quien mueve a Palmiro. De hecho, fué el mismísimo Fregón quien inició a Palmiro en el mundo de los licores italianos y los sombreros de invierno.
¿Eso es noticia? Dicen que un perro mordiendo a un hombre no es noticia, es necesario que el hombre muerda al perro. ¿Y que pasa cuando es el perro quien sistemáticamente trata de arruinar el paladar del hombre a base de destilados de alcachofa?
No creo que lo haga con maldad. Todo el mundo sabe que los perros no tienen maldad.

Le confesaré algo, no tengo ningún tío que se llame Palmiro. De hecho, no conozco personalmente a nadie que se llame así.
Aún así le juro que el tío Palmiro existe.
Si no me cree, pregunten a Fregón.
El licor de alcachofa tampoco es tan malo.

1 comentario:

Los amigos de don Latino dijo...

Ay Fregón, Fregón,
a Palmiro yo le admiro,
a su sombrero de caballero
y a su perro compañero.

Fregón, fregón, fregón,
no pasees así a Palmiro
que pienso cuando lo miro,
que sentado no llegó
sino andando contigo.

(El alcohol produce estragos irreparables en la mente. Aquí dejo el ejemplo más plausible)