
No es ningún trabajo inédito de Warhol. Sobre estas lineas les muestro una microfotografía electrónica del virus de la gripe. Precisamente porque la salud del lector me importa, les ruego que se fijen bien en el organismo que sale en la foto: Si lo reconocen por la calle, dirijanse inmediatamente a su médico de cabecera, y que les dé hora con un psiquiatra de confianza. En cualquier otro caso, sigan leyendo, que seguiremos hablando de salud. De la otra.
Este virus es un jodido cabrón (disculpen mi francés) con el que llevo cinco días peleándome, y pueden creerme si les digo que mucho dista de ser una contienda entre iguales. La medianoche del viernes este pobrecito escribidor estaba temblando -qué penita, dios mío, qué pena penita- ante el ventanuco de la boticaria de guardia. Me recomendo el juego combinado del Ibuprofeno con el Frenadol de toda la vida, y dejarlo a fuego lento con manta, remanta y paciencia.
¿Porqué explico esto? Porque de regreso de la farmacia no paraba de pensar en una cosa, y creo que a usted también le puede interesar: Por lo poquito que cuesta, a partir de ahora todos los años me vacunaré. Por nada del mundo repito el infernal fin de semana que acabo de pasar con los ojos rojos, la voz de cazalla, la cabeza reventada, la tos hiperproductiva, las articulaciones doloridas y el moco tendido. Avisados quedan.

1 comentario:
Señor Chusco,
Con todo el cariño del mundo, le recomiendo no se vacune. Yo la única vez que me vacuné me dió un subidón que parecía al Quim con las pastillas esas raras para estudiar.
No me acercaba ni de lejos al amable compañero que los lunes nos relataba sus epopeyas (a quien, todo sea dicho hecho de menos, un abrazo tanto si lo lee como si no).
Lo dicho, de vacunas niente de niente.
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